lunes, 21 de julio de 2014

Una Fotografía Antigua

Una fotografía antigua.

Al parecer, con ésta actividad nueva del “blog” se han puesto a buscar a muerte, por “todo el mundo de Dios” imágenes, apuntes y datos míos… por cierto que esto que se llama Blog que será una palabra del  inglés, porque esto es muy antiguo… esto es como el “Cuaderno de Bitácoras” de toda la vida, ese que para no llamarle “Diario” era el libro en el que los navegantes anotaban los elementos destacables de la travesía, y además ya intentaban anotar los datos en “tiempo real”… ¡o sea que esto del Blog es más antiguo que volar hacia adelante!

Hablando de antiguo, han encontrado unas fotos muy antiguas… estas tienen que ser por lo menos de las primeras que nos hicieron a la Chipirona y a mí:


Aquí estamos los dos, yo soy el de la derecha. Se puede ver la diferencia de corpulencia entre las dos especies, y además de que tengo cuatro semanas más de edad que ella. Dicen que fue por esto lo de mi nombre:

 -¿Cuál de los dos?...
 -El Gordo…

Se termina antes que decir “El gorrión”, total, que se me quedó el nombre que luego por afecto y cariño se entiende que terminé siendo conocido como Gordito.

Volviendo a la imagen, dicen que se nota que la pajarita quiere irse de la escena (claro como ella ve) y escapar del molesto flash de la cámara. Se calcula que  esta imagen tuvo que ser tomada en agosto de 2008. Por esos entonces ningún humano apostaba demasiado a que uno sobreviviese muchos más días…  en verdad, ellos pensaban que cualquier día amanecería muerto.

Gracias a la llegada providencial de Chipirona, hallaron la fórmula del compuesto que es la receta de mi comida, que es especial para mí, y que dicha fórmula está bien anotada… (Que es la que más me gusta y la que mejor me sienta). Para mí, como norma: siempre igual, siempre a lo seguro y poquitos cambios.

Gordito, viernes, 18 de julio de 2014.

viernes, 11 de julio de 2014

Recordando a Chipirona.

En recuerdo de Chipirona.

En la actualidad convivo con Chispito que es un jilguero y desde el 15 de Junio de 2014 está con nosotros un nuevo gorrión o gorriona que por el momento le llaman Pepita, es que de pichones todos los gorriones parecemos hembras.

Pero hoy ésta mención está dedicada a Chipirona, una jilguerita que nacería un mes después que yo. La encontraron muy muy pequeñita, con sólo unos días de vida, quizás ese fuese el día de más calor de ese año en Sevilla, fue el 31 de Julio de 2008. Ella nos dejó el 29 de Agosto de 2013, hemos estado juntos algo más de cinco años. Este espacio y lo que pueda surgir en el futuro va en modo de homenaje, agradecimiento y recuerdo  de una gran hermandad, crecimos juntos y nos criamos como hermanos: La jilguerita guapa y el gorrión ciego, feo y gordo.
Cuando la rescataron estaba muy mal, no se movía, sólo respiraba, le dieron agua en el pico y la llevaron a casa al fresco, lejos del tremendo sol de mediodía (a los pájaros nos gusta el sol). Después de un par de horas comenzó a recuperarse y a llamar pidiendo comida.

Los jilgueros de pichones emiten una llamada característica de su especie y es como “chípi-chípi… chípi-chípi” más o menos suena así. Y como ella llamaba tanto y tan insistente, que nuestros cuidadores los humanos le pusieron Chipi y desde que descubrieron que era una hembra les decían Chipirona y abreviando le dicen “La Chipi” (ya no está con nosotros pero cada vez que nos acordamos de ella, lo hacemos por su nombre).

De ella no hay vídeos pero se conservan algunas fotografías. También me han contado que hay una memoria tipo SD extraviada con fotos en la que estamos juntos.
No lo parece pero fue muy importante para mí la incorporación de Chipirona a la familia, pues gracias a ella por fin se dieron cuenta de que lo que a mí me pasaba era algo más que “ser un gorrión torpe” de hecho mis humanos nunca habían conocido un gorrión digamos… torpe.
Efectivamente, a los pocos días ya volaba incluso mejor que yo… siendo ella 30 días menor (en nuestro mundo y a nuestra edad, son muchos días). Y en esto del volar hay un detalle que voy a contar: Por mi parte como no veo, nunca he volado bien, ni de pequeño ni de adulto, lo que suelo hacer es volar en círculos moviendo las alas hasta aterrizo en el suelo o en una mesa… en el sofá o lo que sea. Ella a los pocos días ya ensayaba vuelos y muy bien… ese día una de las veces, aterricé en el suelo de la cocina Chipirona lo observó y a pesar de lo jovencita que era, se lanzó al suelo junto a mi (ella pensaba que yo podía ver) adoptaba posición de “impulso” y volaba a la mesa de la cocina. Esto lo hizo un par de veces seguidas y yo como si nada… parece que lo que quería es como rescatarme del peligro del suelo, queriendo decir: “¿ves? Se hace así, es fácil…”



lunes, 7 de julio de 2014

Coincidencias del destino.

Por coincidencias.

Exactamente igual que los demás seres vivos, sobrevivimos gracias a una larga cadena de coincidencias favorables a la vida, que en mi caso conocemos algunas de esas “coincidencias” a las que les debo la vida y que a continuación voy a intentar explicarlas.

Lo primero es la coincidencia biológica de nacer en un nido de un huevo calentado por mis padres y haber sido cuidado y mimado por instinto natural. Enfermo, débil y con problemas para comer sólo, me abandonan en la calle, no dejo de llamar y llamar a los míos… sin ver el peligro ni las cosas que ocurren a mi alrededor, en medio de un escalón de piedra, yo era un bocado fácil para cualquier depredador (un perrito, un gato) podría haber acabado conmigo, pero sin esperarlo surge la siguiente coincidencia: es que soy recogido por una persona que tiene alguna experiencia en la cría de pichones gorriones y que por suerte acierta en el tratamiento de mis problemas digestivos y aunque cuento con sólo dos semanas de vida no me quiero morir y pido comida. Desde entonces me cuidan dos personas, me dan antibióticos una vez al día y unas gotitas de vitaminas mezcladas con pan mojado en agua cada pocos minutos (parecido a cuando estaba en el nido de mis padres).

Otra coincidencia es que al no poder ver, (mis ojos están bien pero no ven) no veo las cosas ni los peligros… y es que para un gorrioncillo los peligros domésticos son muchos y muy variados: Riesgo de quemaduras, riesgo eléctrico, cubos de agua, recipientes con pinturas, detergentes, jabones y lejía… todo esto sin mencionar que me entusiasma investigar y meterme en problemas y sitios peligrosos.

Por la misma causa han estado innumerables veces apunto de pisarme y morir aplastado por no huir del paso de las personas (menos mal que ellos me ven y suelen estar muy atentos a mis movidas, vuelos y paseos por la casa). Todo esto obliga a mis cuidadores humanos a tomar medidas de seguridad preventiva: no me dejan solo cuando se usa el horno, la vitro o el tostador de pan. No conectan ni estufas, ventiladores, calefactor… nada de eso si estoy yo. Las puertas se han dotado de unos topes con ganchito al suelo para que no den portazo con las corrientes de aire y evitar que la puerta me golpee -es que por lo que tengo entendido, cuando estoy paseando por el suelo me tumbo a descansar en los lugares de mayor paso y peligro-.


Ya sé que las conclusiones pueden ser algo filosóficas y metafísicas pero ahí están los hechos y las circunstancias, la vida y la muerte no son más que las dos caras de una misma moneda.

Quiero vivir

¡Quiero vivir!

Hola  soy un gorrión común, según la Wikipedia: Passer domesticus, mi nombre es Gordito, y soy ciego, los humanos creen que no veo desde mi nacimiento. Hoy, hemos decidido comenzar a escribir un blog autobiográfico para que todo el mundo pueda conocer mi pequeña historia de lucha por la supervivencia, ¡quiero vivir! Algunas personas han insinuado que mejor estaría muerto, pero yo quiero vivir y pienso que no me conocen no saben nada de mi historia ni de mi carácter.

Dicen que nací a mediados de Mayo de 2008, una pareja de humanos me recogieron de la calle un caluroso día de Junio, estaba muy enfermo, deshidratado y a punto de morir, pero, está claro que yo quería sobrevivir, me cuidaron, tomé alimento, agua, descansé y desde entonces tomé la decisión de quedarme para siempre con los humanos que me salvaron la vida por primera vez un cinco de Junio de 2008.

Al principio no volaba pero cada día me fortalecía más y más… todo el mundo sabe que los gorriones crecemos muy rápido, somos muy glotones y aceptamos de buen agrado que una mano nos dé de comer. Todo va bien hasta que un día noto que: ¡Tengo fuerza en mis alas!... ¡quiero volar! Todos mis vuelos son un desastre… ¿Qué me ocurre? ¡No veo bien! ¿Cómo voy a comer?... espero que estos humanos continúen alimentándome. Y así ha sido hasta hoy junio de 2014, ya han pasado seis años y me siguen cuidando lo mejor que pueden, yo quiero vivir y ellos quieren cuidarme, de manera que nos comunicamos muy bien y nos queremos mucho desde mis primeros días y a mí, no me falta de nada. Para mí, ellos son como mis padres, creo que en esa época fue cuando empezaron a darse cuenta de que algo raro me pasaba, lo cierto es que me quedaron varias secuelas: no respiro bien, las garras (los pies) me han quedado torcidos, como no me veo las plumas siempre tengo el plumaje algo feo por que no termino de arreglarme las plumas como los demás.

Mis prioridades son: 1º Comer (comer la receta que más me gusta). 2º Una mano para echarme y que me den masajes y me rasquen entre las plumas con suavidad. 3º La música y cantar (mis canciones) soy ciego pero tengo muy buen oído y buenos pulmones.

No me gusta: 1º El agua, solo oír un grifo me pongo alerta, ¿los baños? lo odio… no quiero mojarme. 2º los otros pájaros, me dan miedo… que sí cuando oigo cerca a Chispito, Chipirona o a Pepita (la gorriona nueva de este año) no quiero, me retiro, me voy a algún lugar seguro. 3º El sol… unos minutos al sol… sí, pero entre el sol o la sombra siempre elijo de la línea de sol y sombra estar en la sombra. 4º No me gusta estar solo, a una distancia prudente de los pájaros pero lo más cerca posible las personas (mejor si son padres adoptivos).


A lo largo de estos seis años he vivido todo tipo de retos y experiencias que quiero recordar y contar con todo detalle en este blog.